29.9.2020

La rigidez de la plantilla o la libertad de un lienzo en blanco. Esa es la cuestión

Pedro Esparcia
Pedro Esparcia
La rigidez de la plantilla o la libertad de un lienzo en blanco. Esa es la cuestión

A nadie le gusta sentirse diluido dentro de un gran lago de estadísticas sociodemográficas. Sexo, edad, nivel de estudios, ocupación, estado civil… sí, respondemos a todo ello, pero ninguna de estas categorías nos define realmente como la persona que somos. Son nuestros sentimientos y nuestras emociones, nuestros anhelos y nuestros deseos, quienes lo hacen y quienes nos hacen sentir como una gota única y especial.

Hace tiempo que las marcas se dieron cuenta de ello, por eso la tendencia actual, sobre todo en marketing digital, es comunicarse con las personas de forma real, honesta y, sobre todo, fluida. De este modo cada interacción originada entre ellas —marcas y personas— se convierte en una nueva experiencia de valor.

Aunque esta sea la tendencia, la mayoría de marcas continúa comunicándose con su público masivamente y sin apelar a todo aquello que le mueve y conmueve. Probablemente esto se deba a una cuestión monetaria, ya que siempre resulta más económico crear campañas de comunicación generalistas que específicas.

Esta realidad sale a la superficie cuando las marcas toman la decisión de crear —la que probablemente es— la pieza más importante de su ecosistema comunicativo: la página web. La duda que siempre les surge es si hacerla a partir de una plantilla o a partir de un diseño estudiado que comulgue con las aspiraciones de sus potenciales clientas/es.

Plantillas, esa dulce tentación.

La primera opción siempre resulta tentadora porque, como hemos dicho, el bolsillo la mira con muy buenos ojos. Además suele entregarse en un plazo, digamos, breve, y esto siempre sienta bien a los intereses comerciales que la marca pudiera tener. Ahora bien, ese ahorro de dinero y de tiempo viene acompañado de otro ahorro que, quizás, no contemplaron quienes apoyaron la opción de la plantilla: el de la satisfacción de las personas a la hora de navegar la página.

Oficinista frustrado rompiendo ordenador

Si se utiliza una plantilla se debe saber que esta está por encima de todo. El contenido se deberá adaptar a ella sea cual sea el producto y/o servicio que se comercialice. Lo mismo ocurre a la hora de utilizar el lenguaje —visual o verbal— con el que la marca se comunica con sus clientes: no será único sino que será como el del resto de empresas —del sector que sean— que han comprado esa misma plantilla en Wordpress, Squarespace, Wix, 1-on-1...

Por lo tanto, si se busca una verdadera conexión con el público para hacerle sentir especial, en El Patio consideramos que valerse de una plantilla no es una buena idea. Además esto se agrava si quienes lo hacen son empresas que viven en y para el mundo digital —SaaS, fintech, martech…—, ya que para ellas la página web es uno de los pilares de más importancia sobre los que se sustentan sus estrategias digitales.

Webflow, la única opción válida.

La segunda opción, la de crear una página web a partir de un lienzo en blanco que se adapta tanto a la identidad de la marca como a su audiencia —y no son estas quienes se adaptan a la rigidez de una plantilla—, es para El Patio la única opción válida. Por esta razón trabajamos con Webflow y porque, además, conseguimos:

  • Crear experiencias extraordinarias de navegación.
  • Convertir la página web en el centro de la actividad digital de las marcas, en el lugar en el que todo comienza y todo termina.

Debemos tener en cuenta que la página web será un espacio frecuentado por nuestro público y que, por ello, debe estar adaptado a sus comportamientos —como haríamos si diseñáramos la casa en la que viviremos—. Recordemos, pues, que hacer esto con Webflow resulta extraordinariamente sencillo.

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